La violencia física ya es suficientemente mala; pero cuando es infligida por las mujeres de tu propia familia, el dolor es aún más profundo.
«Mis hermanas me golpeaban y animaban a mi madre a castigarme también. Le dijeron a mi madre que me golpeara con un palo»
Este es el precio que Batoul empezó a pagar en el norte de África desde que, a los 16 años, decidió abandonar el islam tradicional de su familia para seguir a Jesús.
Después de ser discriminada por su madre y sus hermanas, esta cristiana africana encontró una nueva familia gracias a tu apoyo y a la compañía de un colaborador local de Puertas Abiertas.
📩 Si quieres recibir historias como esta frecuentemente en tu email, suscríbete a nuestro envío de materiales multimedia.