Cada día, de media, más de doce cristianos son asesinados por su fe. Eso supone que dos personas van a perder su vida durante la próxima hora por seguir a Jesús. Esta alarmante estadística surge de una nueva investigación publicada recientemente como parte de la Lista Mundial de la Persecución 2025 de Puertas Abiertas el informe anual que clasifica los 50 países donde es más difícil vivir como cristiano.
La investigación tuvo lugar desde el 1 de octubre de 2023 al 30 de septiembre de 2024, ofreciendo una panorámica así de lo violenta que es la persecución y discriminación que enfrentan los cristianos por su fe.
Hay otras cifras son igual de escalofriantes.
7679 iglesias o propiedades públicas cristianas fueron atacadas u obligadas a cerrar.
4744 creyentes fueron arrestados, encarcelados, detenidos sin juicio o sentenciados, simplemente por su fe.
3775 seguidores de Jesús fueron secuestrados.
3944 cristianos sufrieron agresiones o acoso sexual o fueron obligados a casarse con no cristianos.
Casi 55 000 creyentes sufrieron maltrato mental o físico debido a su fe.
28 368 hogares, tiendas o negocios pertenecientes a cristianos fueron atacados.
En último lugar, casi 210 000 seguidores de Cristo tuvieron que huir de sus hogares.
Todo simplemente por confesar el nombre de Cristo.
Estas escalofriantes cifras representan a creyentes reales, atacados y heridos por su fe. Cristianos perseguidos como el pastor John en Burkina Faso llevan las marcas de la violencia que han sufrido. El lugar en el que vivía y servía se ha vuelto cada vez más peligroso. Los extremistas islámicos han crecido en número y violencia. Advirtieron al pastor que debía convertirse al islam, o de lo contrario… Sin embargo, este valiente líder decidió quedarse para cuidar de su iglesia, de los creyentes a los que él se refiere como «mis fieles».
Después de que una aldea cercana fuera atacada, a los cristianos del poblado del pastor John se les dio un ultimátum: convertirse, irse o enfrentarse a un ataque. En el plazo de un día, todos los creyentes se marcharon a Bobo-Dioulasso, la segunda ciudad más grande de Burkina Faso.
Nunca llegaron allí.
«Bobo estaba demasiado lejos», afirma el pastor John. «Nuestras motos estaban sin combustible. Estábamos atrapados. No tuvimos más remedio que quedarnos».
Diez días después, sobre las 16.00 h, 200 extremistas islámicos enfurecidos y fuertemente armados entraron en la aldea. Algunos disparaban al aire mientras otros disparaban para matar al máximo de gente posible. Los aldeanos corrían en todas direcciones.
Al comenzar el tiroteo, John estaba a cierta distancia, de visita en el hogar de un miembro enfermo de la congregación. «Oí los disparos y quise ir a ayudar», recuerda. «Sabía que estaban masacrando a mi rebaño. Pero el cabeza de familia me lo impidió. ‘¡Te dispararán también a ti!’ Pero tenía que ayudar a los creyentes… Perdí los nervios y me fui de la casa a pie. Quería ir a la iglesia y encontrar a mi gente allí». Comenzaron a dispararle y las balas le pasaban a izquierda y a derecha, obligándole a huir entre los matorrales. Sus peores miedos se habían hecho realidad.
Es importante señalar que la investigación de Puertas Abiertas sobre la violencia da como resultado cifras estimadas hacia la baja; es decir, que la realidad es mucho peor: la mayor parte de la investigación de la Lista Mundial de la Persecución depende de un recuento directo o de fuentes indirectas de confianza. Cuando hubo dudas sobre si la violencia sufrida fue o no por motivos de fe, los investigadores fueron prudentes y se decantaron por una estimación cautelosa.
En resumen, las cifras reales posiblemente son mucho más altas. Pero las cifras de la Lista Mundial de la Persecución son bastante alarmantes ya de por sí, tal y como están. El pastor John es una de las personas que están detrás de esos datos, personas como tú y como yo que se han visto forzadas a huir de sus hogares por su fe. Su hijo fue asesinado, es uno de los 4776 creyentes asesinados por su fe el año pasado. En total, 113 miembros de la comunidad de John fueron asesinados durante el ataque.
Burkina Faso es uno de los lugares donde la violencia continúa siendo un gran problema para los seguidores de Jesús en la actualidad. Esto es resultado de una crisis en curso en África Subsahariana, donde hay millones de cristianos desplazados y miles son asesinados cada año. Actualmente, ocho de los primeros diez lugares más mortíferos para los cristianos se encuentran en África Subsahariana; todos, excepto Nigeria, registraron más asesinatos por motivos de fe que durante el período del informe anterior.
Por eso, Puertas Abiertas ha iniciado la campaña Levántate África, un esfuerzo plurianual para pedirle al mundo que despierte y preste atención a la alarmante violencia contra los cristianos africanos. ¿Unirás tu voz y ayudarás a detener la violencia e impulsar la regeneración? Haz clic aquí para firmar la petición ante la ONU, orar por ellos y apoyarles.
«Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí»
Portavoz de propugnación de Puertas Abiertas
Sería un error centrarse sólo en la violencia contra los cristianos, por muy alarmante que esta sea. Al igual que cada cifra representa a una persona real, cada estadística también representa la fe real en el mundo: Dios obrando, incluso en las circunstancias más dolorosas que se puedan imaginar. El pastor John es un ejemplo de la resiliencia demostrada por muchísimos cristianos que son perseguidos de manera violenta. La mañana tras el ataque, el pastor se unió en oración y ayunó junto a otros cristianos de la aldea. Leyeron Juan 16:1-3:
«Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí»
John siempre había sido un fiel guerrero en la oración, pero, como consecuencia del ataque, dejó de hablar con el Señor. La bala que mató a su hijo también mató sus oraciones. No es que ya no quisiera orar, pero si sus oraciones fuesen un río, el caudal se había secado. Las llamas que destruyeron el edificio de la iglesia también destruyeron la esperanza de John. ¿Cómo podría seguir adelante? Se sentía como un auténtico fracaso.
No obstante, el Señor no abandonó a John, y en medio de su inmenso dolor aprendió una valiosa lección. «No podía orar, porque cuando oraba, lloraba», dice. «Pero cuando lloraba, oraba con lágrimas». Cada lágrima que corría por su mejilla era una oración, una que Dios nunca olvidará. Más adelante, los colaboradores locales de Puertas Abiertas se enteraron de la historia de John y lo ayudaron a recibir asistencia para superar su trauma y su dolor.
El dolor de John no se puede aliviar mágicamente. No hay cura para sus pesadillas. Pero está nuevamente en pie, gracias a vuestras oraciones y apoyos. «El grupo de atención postraumática me dio nueva esperanza y nuevas fuerzas», agradece. «Le doy la gloria a Dios por vuestra ayuda. Nos ha dado una nueva esperanza y fe. Me habéis ayudado en la obra del Señor. Ahora sé que seguiré adelante con Su obra. Pase lo que pase, seguiré haciendo la obra de Dios».
En el fondo, esa es la verdadera historia de la violencia contra el pueblo de Dios, y muestra cómo podemos encontrar esperanza incluso en historias tan dolorosas como la del pastor John. Jesús se preocupó tanto de sus discípulos que pasó la última noche antes de Su muerte enseñándoles cómo serían perseguidos.
En primer lugar, podemos orar. Como el Hermano Andrés, el fundador de Puertas Abiertas, decía siempre: «Nuestras oraciones llegan donde nosotros no podemos. No hay fronteras, ni muros de prisión, ni puertas que estén cerradas para nosotros cuando oramos». El pastor John recibió esperanza porque sabía que había otros orando.
En segundo lugar, podemos hacer posible que otros visiten y ayuden a aquellos que enfrentan una violenta persecución. Como el Hermano Andrés dijo: «Cuando vamos, son alentados. Cuando damos, son fortalecidos. Cuando oramos, son protegidos». El pastor John dice que no podría haber retomado su trabajo para el Señor sin vuestro apoyo.
Por tanto, gracias por vuestras oraciones y apoyo al pastor John y a los incontables cristianos representados por estas estadísticas. Que nuestras oraciones, amor y esperanza no se enfríen, y que seamos alentados por la firme fe de nuestros hermanos perseguidos.
Señor, quiero acompañar en oración a cada una de las familias y seres queridos de mis hermanos asesinados que hay detrás de estas cifras tan alarmantes. Lleva consuelo a Burkina Faso y al resto de países donde los cristianos sufren tantísimo por seguirte y pagan el precio más alto, como tú lo pagaste en la cruz. Te ruego que detengas la violencia, que siga disminuyendo el número de asesinatos de cristianos por su fe y que movilices a toda la comunidad internacional y a la Iglesia mundial para unirnos en oración y apoyo por todos ellos. En el nombre de Jesús, amén.